Quien está verdaderamente preocupada por su futuro es la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, Nashieli Ramírez Hernández. Tras su fallido intento por presidir la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, salieron a relucir varias de sus deficiencias, entre ellas, su limitada preparación académica y la reiterada falta de voluntad para generar consensos. Lo suyo, dicen quienes la conocen, es más la confrontación que el diálogo. En resumen: no sabe hacer equipo.
A cinco meses de concluir su gestión, no parece haber una ruta clara sobre cuál será su destino profesional. Pero hoy hay un tema que le preocupa todavía más: el pasado 19 de junio falleció de un infarto la maestra Isabel González Solís, quien se desempeñaba como directora, aunque de facto ocupaba el cargo de contralora de la Comisión. Esto, debido a que desde octubre del año pasado concluyó el nombramiento formal de la anterior titular de la Contraloría, sin que se haya realizado un nuevo nombramiento.
Ni al Congreso de la Ciudad de México ni, sobre todo, a la presidenta Nashieli parece haberles urgido resolver esta omisión. Incluso, se rumora que, por instrucciones directas de ella, el área de la Contraloría ha sido sistemáticamente desmantelada: se ha despedido a personal clave y no se han cubierto las vacantes existentes. Es decir, su interés por fortalecer la Contraloría es, por decir lo menos, nulo; pero su interés por dejarla inoperante parece ser mayúsculo.
Esto adquiere especial relevancia cuando quedan pocos meses para el cierre de su encargo, sobre todo considerando los pendientes que existen en la revisión del gasto durante su periodo de mayor exposición pública. Porque, seamos francos: ¿alguien cree que la promoción, los viajes, las comidas y la campaña rumbo a la CNDH salieron gratis?
Tan poco ha importado la muerte de la maestra González Solís, que ni una esquela se publicó en el portal oficial de la Comisión.
Descanse en paz, Isabel González Solís.
Excelente servidora pública, sometida a fuerte presión para cerrar asuntos que podrían haber comprometido a Nashieli Ramírez y su círculo cercano.