Dicen por ahí que el que se quiso ver muy listo en la disputa de Omar García Harfuch y Clara Brugada, por la coordinación de Morena en la Ciudad de México, fue el flamante jefe Gobierno, Martí Batres.
Y es que en sus intenciones de colocarse sí o sí como el pitcher (lanzador) de morena, decidió jugarse todo su capital político en el equipo de los “duros” (claristas) y por qué no, también en el de los “puros” (claudistas) ¡glup!
Nos cuentan Off The Récord, que después de que se dieron a conocer las grabaciones telefónicas, donde instruye a su esposa “Dani” (Daniela Cordero) a apoyar, sin recelo, las aspiraciones de la exalcaldesa de Iztapalapa, para quedarse con la candidatura chilanga, aun en contra de los deseos de “la compañera Claudia”, armó una nueva estrategia para colarse al equipo harfuchista.
Tras negar la autenticidad de la grabación —responsabilizando a la inteligencia artificial de fingir su voz— y para ese entonces viendo la cargada a favor del candidato de Sheinbaum, Batres comenzó a movilizar a sus equipos territoriales en favor del ex secretario de Seguridad Ciudadana de la capital del país mediante sus grupos de WhatsApp.
Es decir, que el ahora jefe de Gobierno lanzó una bola tan mala que quedó mal con los dos equipos, quienes le terminaron haciendo un doble play; dejándolo fuera de ambos bandos, pues más tardó en mandar los mensajes para congraciarse con la corcholata presidencial, que los duros en recibir copia de los mismos.
Así que si ven a Martí fuera de la jugada y cada vez más lejos de Clara Brugada no pregunten por qué fue, pues todo mundo sabe que ahora el culpable fue el ChatGPT ¡ay ajá!